LA TERCERA PAPELERA: ÉXITO DE UNA POLITICA DE ESTADO

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Hace pocos días la empresa UPM anunció que comenzará las conversaciones con el gobierno para instalar su segunda planta de celulosa en nuestro país. Obviamente, este proceso llevará tiempo, en la medida que primero se debe acordar entre nuestro país y la empresa los términos y condiciones que enmarcan la mencionada inversión y, además, el Estado uruguayo deberá hacerse cargo de obras de infraestructura imprescindibles por un monto de aproximadamente mil millones de dólares.

Posteriormente, será necesario que esas inversiones en infraestructura, a cargo de nuestro país, avancen y finalmente comenzará el proceso de construcción que llevará, según se ha dicho, alrededor de dos años y medio y representará un monto de alrededor de cuatro mil millones de dólares adicionales. Será la mayor inversión de la historia del país, superando la de Montes del Plata que, en su momento, fue la más importante.

Independientemente de los plazos que implique la realización de la obra, el mero anuncio de la existencia de una decisión empresarial de avanzar en esta inversión, es un fuerte espaldarazo para nuestro país en un momento que mucho se necesitaba.

Es, también, el resultado de una larga apuesta estratégica que comienza a fines de los años ochenta durante el primer gobierno democrático. Primero destinada al desarrollo forestal y, posteriormente, al procesamiento de la madera hasta convertirnos en uno de los polos relevantes de la producción de celulosa en la región y, probablemente, en el mundo.

Es cierto que no siempre fue unánime el respaldo a esta estrategia de inversión y desarrollo productivo. En estos días no fueron pocos los que recordaron que la inversión de Botnia (actual UPM), en nuestro país no contó con el voto de los legisladores del Frente Amplio. Es más, nuestros votos del Partido Independiente (recién fundado en aquel entonces) resultaron decisivos para la aprobación del convenio con Finlandia que hacía posible la inversión mencionada.

No menos cierto es, sin embargo, que apenas el Frente Amplio llegó al gobierno, reconoció la obvia importancia de esta apuesta estratégica y defendió sin vacilar ese emprendimiento, al punto de mantener un profundo y extenso conflicto con el gobierno argentino. Bueno es recordar que durante ese conflicto, el gobierno del Frente Amplio contó siempre con el apoyo incondicional de todos los partidos de oposición.

Por lo tanto, desde 2005 en adelante el país político no ha exhibido ninguna fisura en el apoyo e impulso a estas inversiones que representan crecimiento, empleo, incorporación de nuevas tecnologías y desarrollo. Pero, además, en este caso la inversión se radicará en una de las zonas del país que necesita mayor inversión, por lo que implica también una apuesta a un desarrollo más equitativo en el territorio.

Por supuesto que inmediatamente comienzan los análisis sobre el impacto político que tendrá esta noticia en el acontecer nacional. En un momento de grandes dificultades y con indicadores económicos que muestran una situación compleja, el gobierno anuncia una inversión que impacta muy positivamente en el ánimo y en la psicología de la economía del país, aunque los números de los tiempos inmediatos no se modifiquen sustancialmente. Pero cambia el ánimo que en la economía, igual que en la política y en cualquier actividad humana, es muy importante. Por ejemplo, debe ser un componente de peso en el análisis de las calificadoras de riesgo con respecto a nuestra calificación de grado inversor. En fin, se ve la luz al final del túnel.

Habrá quienes intentarán vincular la decisión de UPM a las bondades o cualidades específicas del gobierno del Frente Amplio, tratando de “sacar partido” de una decisión muy importante en tiempos de “vacas flacas”. Así como en la década del crecimiento fantástico, el Frente Amplio se atribuyó ese logro a sus capacidades de manejo de la economía, ahora intentará seguramente, hacer lo mismo.

Resulta claro que la decisión de UPM es, igual que el viento a favor de hace unos años y el viento en contra de los últimos tiempos, una variable independiente que no definimos los uruguayos. Tiene que ver con las tendencias de los mercados internacionales y las perspectivas de la empresa que realiza la inversión. Pero, también es cierto que la decisión de invertir nuevamente en nuestro país es consecuencia de las garantías de estabilidad y seriedad que nosotros damos, y eso es un patrimonio de todo el sistema político uruguayo.

De todos modos, lo importante es la buena noticia y el impacto favorable que tendrá en la economía del país y en nuestra gente. El tiempo dirá luego, si esto favorece y en qué medida, al partido de gobierno. En todo caso, lo que realmente importa es lo positivo que resulta esta decisión para el futuro de nuestro país.

Por eso resulta patético observar los anuncios de algunos integrantes del gobierno que, descendiendo varios peldaños en la altura con la que hay que asumir este logro, intentan capitalizarlo para sus carreras personales. De inmediato surgió la información de que el Director de OPP, Álvaro García, tendría bajo su responsabilidad la gestión de las obras requeridas como contrapartida del Estado y menos de veinticuatro horas después, el inefable Vicepresidente, Raúl Sendic, anunció que visitará Emiratos Árabes para obtener los mil millones de dólares que el Estado debe invertir en infraestructura. En fin, si venimos bien, ¿para qué complicarla, no les parece?

Pablo Mieres

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