No quieren darse cuenta pero son incompatibles

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No somos partidarios de dedicar los esfuerzos de la actividad política centralmente a investigar lo ocurrido en los gobiernos del Frente Amplio. No es la mejor agenda para construir una alternativa política con capacidad de generar en la ciudadanía el entusiasmo y la esperanza que, luego de tres gobiernos del mismo partido, permita alcanzar una alternancia positiva y necesaria para nuestro país.

En tal sentido, estamos convencidos de que la construcción de un espacio socialdemócrata es el camino fundamental para nuestro país en los próximos tiempos, y ese camino requiere del concurso de dirigentes y sectores de todos los partidos políticos. Por lo tanto, no es una alternativa anti Frente Amplio, es una alternativa que incluye dirigentes y sectores del actual partido de gobierno; así como también de blancos y colorados wilsonistas y batllistas.

Pero claramente es una alternativa que implica sustituir al actual Frente Amplio por otra opción de cambios con sensibilidad social y profundamente democrática que supere las contradicciones cada vez más fuertes que afectan a esa fuerza política.

Por eso, este año debe ser el año de la construcción y elaboración de una agenda socialdemócrata. La sensación de que el modelo de gobierno de este Frente Amplio está agotado es muy notoria y visible transcurrido el primer año de gobierno. Las contradicciones internas que son cada vez más visibles y abarcativas, impiden construir una propuesta consistente y con perspectiva de futuro. Este Frente Amplio está agotado, aunque sus dirigentes, todos ellos, se resistan a aceptarlo.

La incompatibilidad entre los dos conjuntos que lo integran se podría resumir en el debate que protagonizan hoy los dos sectores que pugnan por la conducción del Partido Socialista.

En el Frente Amplio conviven dos formas de actuación política que son contradictorias en sus fundamentos y principios ideológicos, en sus propuestas programáticas y en sus lógicas de gestión pública. Podrán seguir juntos porque valoran o sobrevaloran el patrimonio político simbólico que representa el Frente Amplio. Podrán seguir juntos porque tienen miedo de perder el poder, por buenas y malas razones. Podrán seguir juntos por el miedo a la ruptura.

Pero su incompatibilidad los convierte en estériles para aportar nuevos proyectos al país.

Hay una izquierda que es inviable por dogmática, autoritaria, irresponsable y, posiblemente, corrupta. Hay una izquierda que está aferrada a modelos que han demostrado ser impracticables en cualquier parte del mundo. Los hechos recientes ocurridos en nuestra región, lo confirman y lo van a seguir confirmando en los tiempos inmediatos.

Pero existe una izquierda democrática, sensata que puede ofrecer responsabilidad y, al mismo tiempo, trabajar por la solidaridad y equidad social. Sólo que adosada y pegada a la otra izquierda se va volviendo cada vez más inerte e incapaz de aportar al país.

Son proyectos de política económica diferentes, diríamos diametralmente opuestos. Unos buscan equilibrios y manejos sensatos, con responsabilidad y criterios adecuados. Otros creen que los recursos son infinitos y que el gasto público por definición es bueno y si se necesitan más recursos no hay problema con aumentar las cargas tributarias.

Son proyectos de gestión de la cosa pública totalmente diferentes. Unos se dedican a “apagar el incendio de ANCAP” mientras otros declaran olímpicamente que “había que invertir todo lo que se pudiera” y dejaron crecer el enorme “agujero negro” que hoy estamos pagando todos los uruguayos.

Son proyectos de inserción internacional contradictorios. Unos permiten dejar pasar no un tren sino varios, con tal de ser fieles a una concepción ideológica que se pone más allá de toda discusión. No importa si ello implica perder mercados u oportunidades de crecimiento. Aferrados a los Maduro, Kicillof y tantos otros; prefieren encerrarse con “amigos” que abrir oportunidades y fuentes de trabajo para todos los uruguayos.

Son concepciones democráticas totalmente opuestas. Unos ponen “lo político por encima de lo jurídico” y no dudan en afirmar que les gustaría tener Fuerzas Armadas alineadas con su propio partido. Miran para otro lado si las violaciones a los derechos humanos son cometidas por gobiernos de izquierda y no les preocupa la constitucionalidad de las normas.

Así las cosas, lo que viene ocurriendo es que los representantes de la izquierda dogmática y autoritaria van imponiendo sus propios criterios cada vez más. Entonces el gobierno se retira del TISA, corrije el FONDES para seguir ayudando a pérdida a los “compañeros”, no condena al gobierno de Venezuela, acepta el nuevo fracaso de la educación, y se conforma con corregir los “entuertos” y “desaguisados” que la izquierda del mujiquismo ha realizado.

Los otros saben esto perfectamente, pero hasta ahora han preferido “seguir de la mano” con quienes no comparten otra cosa que el PODER.

Tenemos la expectativa de que, en algún momento, asuman la realidad que les pega en los ojos una y otra vez, para aceptar que, como ocurre en la vida, hay momentos en que deben tomarse decisiones difíciles pero ineludibles.

De otra forma, la realidad y la gente les pasará por arriba. No tengan ninguna duda.

Pablo Mieres

El principal problema del 2016: La Interna del Gobierno

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Si intentamos imaginar la situación del país en 2016, enseguida asoman varios problemas o dificultades en el horizonte.

Algunos tienen que ver con el escenario económico y comercial; otros tienen que ver con el bloqueo de los cambios en la educación; también es posible identificar problemas de competitividad de nuestro aparato productivo; existen además, desafíos de la política macroeconómica que se presentan con mayor urgencia; la moratoria en materia de infraestructura; el funcionamiento de las empresas públicas. En fin, como se puede apreciar, tenemos por delante desafíos múltiples para enfrentar en 2016.

Sin embargo, a nuestro juicio, el principal problema radica en las dificultades de gestión y de resolución del actual gobierno.

En efecto, tenemos la sensación de que la agenda del gobierno es escasa y con poco impulso. No logra trasmitir la idea de un gobierno activo, intenso y en marcha. Más bien, se percibe cansado y falto de iniciativas novedosas.

Si hacemos el balance de 2015 predominan las frustraciones y las dificultades por encima de las iniciativas y las concreciones.

El desafío más importante que era impulsar una profunda reforma educativa quedó por el camino y, más allá de que desde el gobierno se diga lo contrario, resulta evidente que la transformación pendiente seguirá el camino de una inercia conservadora.

La apertura al mundo fue frenada por una interna partidaria que reivindicó sus reflejos más ideologizados, decidiendo el retiro de nuestro país de una mesa de negociaciones en la que nada había para perder. El retiro de las negociaciones del TISA tuvo mucho más de simbólico, como una señal de freno a la política exterior del nuevo gobierno que como efecto en sí mismo.

Por lo tanto, la interrogante sobre la capacidad del gobierno para impulsar una estrategia urgente e imprescindible de inserción en acuerdos comerciales amplios y abiertos está planteada. ¿Tendrá el gobierno la capacidad de avanzar en la integración al Acuerdo Transpacífico y a la Alianza del Pacífico? ¿Podrá avanzar en la firma de un tratado de libre comercio con la Unión Europea y otro con China? Estos son los grandes desafíos que debería acometer nuestro país, sin demora. Sin embargo, la interrogante tiene sentido porque no parece haber consenso en el partido de gobierno sobre estos temas.

El año 2015 mostró, en cada episodio, que el principal obstáculo que enfrenta el gobierno es su propia interna partidaria. Así fue el tortuoso transcurrir del año que termina, seguramente el peor desde que el Frente Amplio llegó al gobierno.

Lo que acaba de ocurrir en torno a la capitalización de ANCAP es una nueva confirmación de este problema. En efecto, resulta inadmisible que el gobierno capitalice ANCAP poniendo U$ 620 millones de dólares y asumiendo un crédito por U$ 250 millones más sin remover a las autoridades responsables del desastre en la gestión del gobierno.

La única explicación consiste en un nuevo “tironeo” interno entre el sector mayoritario que lidera José Mujica y el Presidente de la República, que culminó con la inadmisible continuidad de los jerarcas que responden a Raúl Sendic, responsable directo de la gestión que culminó con el fracaso más estrepitoso.

Este es el principal problema que tiene el gobierno. Está preso de una mayoría interna que condiciona y obstaculiza su propia actuación. Lo hemos dicho ya anteriormente, el que manda es el bloque que está representado por José Mujica en el Parlamento.

El Presidente no tiene la conducción directa de su partido y requiere, para avanzar  y tomar decisiones, del apoyo de su bancada parlamentaria. Dos tercios de ella responden a la orientación de José Mujica.

Y no tiene política alternativa porque el Presidente se ha encargado de mantener una importante distancia y un frío relacionamiento con los dirigentes de los partidos de oposición.

En tales circunstancias, lo único esperable es un proceso de gradual pero definido acercamiento del Presidente hacia quien le puede garantizar la mayoría parlamentaria, es decir el ex presidente José Mujica. Ello implica aceptar las condiciones que, una y otra vez, impondrán quienes representan a los sectores más populistas y dogmáticos del partido de gobierno.

Las resoluciones de los principales asuntos del 2015 (Fondes, ANTEL-Arena, TISA, Venezuela, ANCAP, educación) son la prueba cabal del progresivo y consolidado predominio de la mirada de estos sectores. Por lo tanto, es muy poco lo que podemos esperar de parte del gobierno en el año que comienza.

Ojalá nos equivoquemos.

Por Pablo Mieres

Capitalización de ANCAP: escándalo que prueba un enorme desastre

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Indigna pensar que después de haberse aprobado un Presupuesto Nacional cuyo incremento de gastos alcanza U$ 460 millones, dejando fuera un largo conjunto de reivindicaciones justas que quedaron por el camino por falta de recursos, el Estado va a poner probablemente una cifra cercana al doble de esa cifra para capitalizar ANCAP. Un verdadero escándalo.

Todos los uruguayos, que ya estamos contribuyendo a financiar ANCAP a través de un excesivo precio del combustible, ahora vamos a tener que poner una cifra fabulosa para que esta empresa pueda seguir funcionando. Es un enorme escándalo.

La empresa pública más importante del país, que funciona en régimen de monopolio en sus principales rubros, en un período en el que hubo la mayor prosperidad y crecimiento de la historia del país y en tiempos en que el precio del combustible no aumentó, necesita ser capitalizada por el Estado. Es un record mundial de fracaso e ineficiencia. Hay que hacer las cosas muy mal para lograr ese resultado.

Así es la cosa. En los últimos dos años ANCAP perdió U$ 500 millones de dólares y todo indica que en esta año 2015 va a perder alrededor de U$ 200 millones más. Insólito, vergonzoso, sin palabras.

¿Cómo puede haber ocurrido tal desastre? Eso es lo que estamos investigando desde hace cuatro meses en la Comisión Investigadora del Senado. Los resultados indican que ha existido una política de despilfarro desenfrenado, de planificación de inversiones que se fueron de madre, no por unos pocos pesos, sino por el triple o el cuádruple de lo proyectado. Los resultados muestran un manejo descuidado de los bienes públicos, además de varias decisiones irregulares que violan normas, algunas de ellas con apariencia de ilícito.

Lo cierto es que ANCAP está en una situación empresarial de insuficiencia patrimonial o muy cercana a ello, por lo que el Estado tendrá que poner plata para que siga funcionando. Vergonzoso, porque se supone que una empresa pública con el objeto de ANCAP no sólo debe funcionar sin déficit, sino que debería aportar recursos al Estado.

En cualquier país del mundo ante semejante descalabro, los responsables de la gestión (directores y gerentes) ponen sus cargos a disposición y los accionistas los sustituyen para generar una nueva conducción. Sin embargo, acá nada de eso ha ocurrido. Al contrario, hay quienes “ponen el grito en el cielo” porque se reclama, con total lógica, que se vayan los jerarcas responsables de este enorme desastre.

Es más, varios gerentes han tomado la decisión de no explicarle a los representantes del pueblo, las razones de su fracaso negándose a comparecer ante la Comisión Investigadora. Se olvidan de que sus sueldos, muy buenos por cierto, se los paga la gente y es ante los representantes de la gente que deben explicar lo inexplicable. Más vergonzoso aún.

Todo este panorama es la prueba más clara de hasta qué punto se han perdido las referencias en el pequeño mundo cerrado y autorreferido de los gestores de ANCAP. Parecería que viven en un mundo paralelo en donde lo que para cualquier análisis serio representa un desastre, para ellos la plata fluye sin cesar y las pérdidas son la normal consecuencia de hacer lo que se les cante.

Cuando llegue el proyecto de ley de capitalización de ANCAP al Parlamento será la hora de debatir con respecto a esta terrible carga que los resultados de la gestión de ANCAP de estos años han generado sobre los hombros de todos los uruguayos. Lo que sería inadmisible es que esta propuesta no estuviera acompañada de un conjunto de modificaciones normativas que corrijan la ausencia de contralor y la debilidad de las normas que controlan la gestión de los Entes Autónomos.

Establecer los mismos controles existentes para los Entes Autónomos que para las sociedades anónimas de capital estatal y sus directores. Prohibir la creación de sociedades anónimas nietas de las empresas públicas. Otorgar mayor poder de contralor al Tribunal de Cuentas e impedir que se haga caso omiso a observaciones que puedan referir a hechos de apariencia delictiva. Definir reglas que impidan el uso de un cargo de dirección en las empresas públicas para que operen de plataforma de lanzamiento de candidaturas partidarias. Aumentar las consecuencias patrimoniales de las responsabilidades por mala administración de los jerarcas públicos.

En fin, sería el colmo que se votara la norma de capitalización de ANCAP sin incluir una reforma de las regulaciones de las empresas públicas que, al menos, disminuyan el riesgo de estos desastres.

Pablo Mieres

ANCAP: nadie quiere pagar la fiesta

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En los días finales de la actuación de la Comisión Investigadora y con las comparecencias de Raúl Sendic y el actual Directorio de ANCAP, junto al fuego cruzado de Mujica y Astori, se ha puesto en el centro de la escena la cuestión sobre quién es el responsable de la catástrofe.

La cuestión para el Frente Amplio ya no es la defensa de la indefendible gestión de ANCAP, ahora la cuestión está centrada en establecer quién tiene la culpa de lo ocurrido.

Por un lado, Sendic, el Directorio de ANCAP y Mujica pretenden trasladar la responsabilidad al equipo económico. Por su parte, Astori, Lorenzo y el Frente Líber Seregni han resuelto que esta vez no se “comerán el garrón” que se comieron entero cuando el desastre anterior, el de PLUNA obviamente.

Porque a esta altura nadie puede dudar que el desastre de PLUNA que se concentró en la responsabilidad de dirigentes del FLS, tuvo en José Mujica al principal responsable de todo ese “desaguisado”. Por eso ahora, que la gestión de ANCAP fue responsabilidad de Sendic y su entorno, con el apoyo y respaldo del propio Mujica, el astorismo no acepta que le pasen, al menos, la mitad de la factura.

La historia de “los costos no reconocidos” no resulta para nada creíble. Es un relato construido “ex post”, a la hora de buscar explicar el desastre. De hecho, el Directorio de ANCAP no ha presentado una sola prueba documental de que haya reclamado al MEF por esos supuestos costos que se pretenden convertir en la “clave” de las pérdidas. Es más, cuando recorremos los discursos de las autoridades de ANCAP, este tema apenas aparece lateralmente y ni siquiera se formula como un reclamo.

Pero, además, la eventual existencia de costos no reconocidos no exonera la responsabilidad de quienes gestionaron ANCAP, puesto que en el mismo período en que sufrían “el injusto no reconocimiento de sus costos” seguían gastando y despilfarrando a placer. Entonces su responsabilidad por los catastróficos resultados de la gestión que tendremos que pagar todos los uruguayos sigue siendo de quienes tenían a su cargo la conducción de la empresa.

Lo que pasa es que durante todos estos años se gastó sin límite. Es un insulto a la inteligencia que se reclame por costos no reconocidos al mismo tiempo que en esos años se aumentaron los gastos en publicidad hasta alcanzar los 10 millones de dólares anuales o que se aumente en un 35% los pagos en honorarios y consultorías, o que las inversiones se disparen al doble o triple de lo planificado, o que se pague publicidad a radios cerradas, o que no se controlen las contrataciones que hacía la agencia de publicidad, o que se pague una fiesta a precio exorbitante.

Todo eso es lo que “tozudamente” queda en pie acusando sin atenuantes a los que fundieron irresponsablemente a ANCAP.

Es un record mundial difícilmente igualable que la empresa más grande del país que opera en régimen de monopolio en casi todos sus rubros, en el momento de mayor crecimiento económico de la historia, con cifras record de facturación en la venta de combustible, sin grandes dificultades internacionales y con un precio del dólar bajo, SE FUNDA!!!

Y todavía hay que escuchar a sus autoridades (actuales y anteriores) sacándose toda responsabilidad, tirando la culpa para aquí y para allá.

Lo que queda firme como una roca es que todos los uruguayos tenemos que pagar esta grandiosa fiesta vergonzosa que, además, se usó para impulsar carreras políticas.

Lo que está en la “tapa del libro” es que si el país va a poner todo ese dinero para realizar el “salvataje” de ANCAP, es obvio que las autoridades que condujeron la empresa al desastre no pueden quedarse ni un minuto más.

Lo que es obvio es que la capitalización de ANCAP debe ir de la mano de un serio y profundo proceso de cambios estructurales de la empresa y cambios en la normativa que regula y controla a las empresas públicas para evitar que estas cosas se repitan.

Mientras tanto, el ex presidente de la República seguirá intentando licuar su responsabilidad, como lo hizo en otras ocasiones. Mientras tanto, el actual Vicepresidente seguirá declarando que la culpa es del Ministerio de Economía. Mientras tanto el actual presidente de ANCAP, que demoró más de siete meses en tomar medidas cuando la empresa se caía a pedazos, seguirá reivindicando una permanencia en el cargo que suena, a todas luces, ridícula.

Esto sin hablar de las graves irregularidades constatadas que completan un cuadro patético.

Por Pablo Mieres

Igual que hace 25 años se les caerá el muro encima

mieres171115

La inadmisible defensa del régimen autoritario y corrupto de Maduro en Venezuela por parte de la mayoría del Frente Amplio y la insólita “obediencia debida” de los sectores del Frente Amplio que saben lo que está pasando en Venezuela pero acatan el mandato de los sectores radicales, negándose a condenar lo evidente, me hacen acordar a la actitud asumida por muchos de esos grupos frente a la debacle definitiva del “socialismo real” y el desmoronamiento rotundo y vertiginoso del bloque soviético.

Efectivamente, los sectores marxista leninistas del Frente Amplio defendían, sin concesiones, la gestión del Partido Comunista de la Unión Soviética y la de sus gobiernos satélites en toda Europa del Este. Es bien conocida la triste anécdota del telegrama enviado por el entonces Secretario General del Partido Socialista, Reinaldo Gargano, felicitando al dictador rumano Nicolás Ceaucescu, el día antes de que fuera derrocado por una revuelta popular que dejó al descubierto la horrenda barbarie de décadas de autoritarismo, violando los derechos humanos de los ciudadanos rumanos.

Lo mismo ocurrió en Alemania Oriental y, con diferentes variantes, en todos los regímenes que orbitaban en torno a la Unión Soviética y, por supuesto, en ese mismo país. Gobernantes autoritarios que se enriquecieron hasta el hartazgo, enancados en una supuesta patria socialista que pregonaba la igualdad, mientras amasaban fotunas y reprimían al pueblo.

Los representantes de buena parte de los partidos del Frente Amplio de aquella época nada dijeron hasta que el “muro se les cayó en la cabeza”. Entonces dijeron que no sabían nada, que no tenían conocimiento, obviando que numerosos dirigentes uruguayos de diversos partidos marxistas habían vivido durante años su exilio en algunos de esos países. ¡Pero no habían visto nada de nada! Y muchos siguieron de largo sin nunca asumir en profundidad la gravísima complicidad en la que habían incurrido, defendiendo regímenes autoritarios que violaban los derechos humanos de su gente y enriqueciéndose de manera ilícita a expensas del sacrificio de su pueblo.

La actitud de los sectores mayoritarios del Frente Amplio con respecto a la gravísima situación en Venezuela se parece mucho a aquello y, como entonces, la realidad les “reventará” en la cara. Difícil será decir que tampoco sabían nada; sobre todo para aquellos que en estos años visitaron Caracas con una sorprendente frecuencia. Difícil será decir: ¡qué barbaridad, como no nos dimos cuenta!

La pregunta que corresponde es ¿por qué les vuelve a ocurrir lo mismo con casi tres décadas de diferencia?

Hay dos explicaciones posibles.

Una explicación es que lo más importante para quienes así actúan es la definición ideológica del gobierno; si el gobierno es de izquierda hay que defenderlo con independencia de lo que haga, porque todas las críticas provienen de la “derecha” que busca descalificarlo por una intencionalidad malévola para derrocarlo e imponer el capitalismo salvaje en su lugar.

Desde esta perspectiva, la democracia sigue siendo un concepto instrumental que se valora o no según esté al servicio del gobierno de izquierda. Por lo tanto, las violaciones al Estado de Derecho o la limitación de los derechos de los ciudadanos se justifican por el interés supremo de un gobierno que defiende valores de izquierda.

Obviamente para este tipo de argumentación no existe una reivindicación superior de la democracia y la defensa de los derechos humanos.

La segunda explicación es aún más sórdida y tiene que ver con las ventajas concretas y los beneficios específicos que algunos dirigentes, que han aplaudido todos estos años al régimen corrupto y autoritario de Venezuela, podrían haber recibido como consecuencia del vínculo con ese gobierno.

Sea cual sea la explicación, en muy poco tiempo, como hace casi tres décadas, la realidad insoslayable de un régimen deplorable les explotará en la cara, y entonces será muy tarde para reivindicarse. Unos por defender y otros por acatar en  silencio sin condenar lo condenable, ninguno tendrá autoridad moral para mirar a los ojos a los futuros líderes de la democracia venezolana que, les guste o no, habrá de imponerse en los próximos tiempos.

Por Pablo Mieres

 

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