La Oposición o las Oposiciones

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Hay una cosa que es muy clara, no alcanza con que el Frente Amplio muestre notorios y variados síntomas de cansancio, agotamiento y, sobre todo, de exceso de apego al poder por el poder como si fuera un fin en sí mismo. Que el proyecto del Frente Amplio esté agotado y que, además, esté defraudando en su prédica histórica sobre los principios y valores que deben orientar la acción política, no es suficiente para que opere la alternancia.

Es necesario que exista, además, una opción alternativa capaz de generar entusiasmo y propuestas que provoquen confianza y credibilidad en un número suficiente de ciudadanos para producir el cambio político. Faltan tres años, lo que es mucho y poco tiempo a la vez.

El desgaste del Frente Amplio en el gobierno no es sólo una percepción de dirigentes, todas las encuestas coinciden en que, comparado con el respaldo que ese partido obtenía cinco años atrás, ha perdido diez puntos porcentuales y más de quince con respecto a su votación de octubre de 2014.

Si a este panorama se agrega la gran incertidumbre sobre cómo se dilucidará la candidatura presidencial en el partido de gobierno y, además, las notorias y crecientes desavenencias internas existentes, todo indica que la elección de 2019 tendrá un importante componente de incógnita. La idea de que puede haber un final de ciclo se ha instalado en el debate político, tanto entre los que estamos en la cancha como entre los analistas.

Pues bien, sin embargo, no se puede considerar a la oposición política como un fenómeno homogéneo o único, capaz de sumarse como si todos fuéramos la misma cosa. No hay oposición, sino que hay oposiciones; no existe un líder de la oposición, ni tampoco existen líderes de la oposición. Existen múltiples partidos y líderes de diferentes oposiciones.

En efecto, se pueden identificar, al menos, tres espacios opositores.

Está la oposición que representa Unidad Popular, es decir una opción a la izquierda del Frente Amplio, que cuestiona a este partido por abandonar los postulados clásicos de la izquierda más ortodoxa, promoviendo una mayor intervención del Estado y un fuerte cuestionamiento al funcionamiento capitalista, entre otras posturas.

En la otra punta están las alternativas que representan las opciones mayoritarias de los partidos tradicionales, a la que se podría sumar la opción que promueve Novick, que proponen una opción ubicada hacia la derecha del espectro ideológico, con mayor énfasis en el papel del mercado, menor énfasis en las políticas sociales y fuerte acento en una propuesta que cree en la mayor penalización como camino de recuperación de la seguridad.

Finalmente, está la oposición que debe ofrecer a los ciudadanos una alternativa de cambio, con énfasis en la ética de la política, con una fuerte e indiscutida afirmación del Estado de Derecho y el apego a la institucionalidad por encima de amistades o preferencias ideológicas, abierta al mundo, con políticas sociales sólidas y maduras, dejando jugar a los actores empresariales en el mercado con libre competencia, pero con un Estado atento a corregir las inequidades que genera la mera libertad económica.

Lo importante es que este tipo de postura está presente en sectores y dirigentes que hoy están en el partido de gobierno, en nuestro Partido Independiente y en los dos partidos históricos. La construcción de una alternativa socialdemócrata representa la tercera oposición. Como se sabe, en eso estamos nosotros trabajando.

Por todo lo expuesto, no se puede hablar de la oposición, sino de las oposiciones. Le haría mal al país presentar la idea de que las alternativas opositoras son todas lo mismo. No lo somos.

El Uruguay necesita un sinceramiento. Que los que pensamos igual votemos juntos, que existan opciones claras, distintas y coherentes. De eso se trata lo que está en debate en estos años. No la sumatoria de “todos contra el Frente”, no el disimulo de las diferencias entre las opciones alternativas.

Es más, no sería bueno para el país caer en otra conducción heterogénea y contradictoria, como es actualmente el Frente Amplio. Las oposiciones deben ofrecerle a la ciudadanía toda su riqueza y diversidad; eso es parte del proceso de alternancia que nuestro país, más tarde o más temprano, deberá transitar.

Luego, el tiempo y el voto de la ciudadanía dirá qué articulaciones deberán ocurrir para el ejercicio del gobierno. Pero ese es otro tiempo.

Pablo Mieres

La historia se repite

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Alberto Zum Felde en su libro “Proceso Histórico del Uruguay”, editorial ARCA, año 1967 expresaba: < la realidad nacional de los últimos 20 años (1947/1967), presenta una serie de nuevos problemas de índole político y sociológico, que configura una época distinta, otra etapa, de la evolución histórica nacional. Fenómenos tales como la gran crisis económica relacionada con el desequilibrio creciente entre la escasa productividad del país, la inflación enorme en el costo de vida, el enorme aumento de los presupuestos estatales , la baja del valor monetario, el endeudamiento externo, la convergencia emigratoria de la población rural a la capital industrializada y burocratizada (debido en gran parte a la persistencia del latifundio), produciendo el mal de macrocefalia, la tumultuosa ascensión popular en procura de un más alto nivel de vida, concentrándose en el creciente predominio del sindicalismo gremial –verdadero nuevo poder social y político- la intensa influencia ideológica del marxismo en los medios culturales, universitarios, y en estratos de la clase media, son algunos de los aspectos más notorios de esta etapa contemporánea.>

La crisis económica, social, política, ideológica y moral evidenciada en la caída de la producción, la inflación (caída del poder adquisitivo de los salarios) – el debilitamiento de la capacidad de pago, el endeudamiento externo, el intervencionismo y paternalismo estatal -junto a una formidable burocracia y parálisis de la iniciativa privada- la desocupación, la saturación de la administración pública y clases pasivas y la quiebra del orden y del sentido de autoridad así como los sectores de población marginados de la sociedad, la falta de  horizontes de la juventud, la emigración de técnicos, el auge de la criminalidad y violencia, la agitación gremial y estudiantil, patentizada en desórdenes callejeros, huelgas y paralizaciones del trabajo, la pérdida de conciencia en las dirigencias políticas, la atomización de los Partidos, los delitos socio-económicos, la corrupción, la pérdida de la conciencia nacional, y sobre todo la constante prédica marxista en todos los sectores de la sociedad, fueron los principales ingredientes del rápido declinar del país (Nuestra Verdad, 1960/1980).

Casi nada ha cambiado, la historia se repite. Si bien hoy no tenemos grandes latifundios de hacendados, tenemos grandes superficies, en algunos casos más de cien mil hectáreas de únicos dueños dedicada a la producción forestal, grandes hectáreas en manos de extranjeros y una importante reducción de los pequeños predios que se han ido incorporando a los grandes terratenientes, sean comprado o arrendando nuevos campos.

El debilitamiento de la capacidad de pago es notorio afrontando el riesgo de perder el grado de inversión y hasta en la atomización de las facciones de la religión gobernante que pone en riesgo el proyecto de ley de rendición de cuentas por el nuevo ajuste fiscal que propone el Poder Ejecutivo.

Los asentamientos que antes sólo existían en Montevideo (cantegriles, cinturones de probeza) hoy se han establecido en cada capital del país, creciendo en número y en pésimas condiciones de vida, sea, salud, educación y seguridad.

La falta de horizontes de la juventud es tremenda y hoy tenemos un grupo de NINI´s que los representan, abocados más al tráfico de drogas y delincuencia no reconociendo la autoridad que los gobierna con enfrentamientos permanentes.

La corrupción la hemos visto en Casinos, Pluna, Fondes, regalando dinero de los contribuyentes en proyectos que desde el vamos se sabía no funcionarían, contención a través de subsidios y el otorgamiento de plazos mayores a seis meses en el seguro por desempleo.

Las pérdidas descomunales de ANCAP, del FONASA, de UTE, etc., no hablan nada bien de los administradores, que a pesar de ello continúan en otros puestos mamando de la teta del Estado y todo permitido por un Ejecutivo marxista casado con el poder sindical.

Nunca en mi vida he visto tantos, paros, huelgas y ocupaciones como desde el 2005 hasta hoy ni tampoco los cientos de millones otorgados a los viajes de los artistas – murgas, cantautores, etc.

La solución encontrada por el genio astorista ha sido más impuestos y más endeudamiento externo ahogando el cuello del país y el de sus habitantes.

Ricardo Puglia

LA TERCERA PAPELERA: ÉXITO DE UNA POLITICA DE ESTADO

mieres

Hace pocos días la empresa UPM anunció que comenzará las conversaciones con el gobierno para instalar su segunda planta de celulosa en nuestro país. Obviamente, este proceso llevará tiempo, en la medida que primero se debe acordar entre nuestro país y la empresa los términos y condiciones que enmarcan la mencionada inversión y, además, el Estado uruguayo deberá hacerse cargo de obras de infraestructura imprescindibles por un monto de aproximadamente mil millones de dólares.

Posteriormente, será necesario que esas inversiones en infraestructura, a cargo de nuestro país, avancen y finalmente comenzará el proceso de construcción que llevará, según se ha dicho, alrededor de dos años y medio y representará un monto de alrededor de cuatro mil millones de dólares adicionales. Será la mayor inversión de la historia del país, superando la de Montes del Plata que, en su momento, fue la más importante.

Independientemente de los plazos que implique la realización de la obra, el mero anuncio de la existencia de una decisión empresarial de avanzar en esta inversión, es un fuerte espaldarazo para nuestro país en un momento que mucho se necesitaba.

Es, también, el resultado de una larga apuesta estratégica que comienza a fines de los años ochenta durante el primer gobierno democrático. Primero destinada al desarrollo forestal y, posteriormente, al procesamiento de la madera hasta convertirnos en uno de los polos relevantes de la producción de celulosa en la región y, probablemente, en el mundo.

Es cierto que no siempre fue unánime el respaldo a esta estrategia de inversión y desarrollo productivo. En estos días no fueron pocos los que recordaron que la inversión de Botnia (actual UPM), en nuestro país no contó con el voto de los legisladores del Frente Amplio. Es más, nuestros votos del Partido Independiente (recién fundado en aquel entonces) resultaron decisivos para la aprobación del convenio con Finlandia que hacía posible la inversión mencionada.

No menos cierto es, sin embargo, que apenas el Frente Amplio llegó al gobierno, reconoció la obvia importancia de esta apuesta estratégica y defendió sin vacilar ese emprendimiento, al punto de mantener un profundo y extenso conflicto con el gobierno argentino. Bueno es recordar que durante ese conflicto, el gobierno del Frente Amplio contó siempre con el apoyo incondicional de todos los partidos de oposición.

Por lo tanto, desde 2005 en adelante el país político no ha exhibido ninguna fisura en el apoyo e impulso a estas inversiones que representan crecimiento, empleo, incorporación de nuevas tecnologías y desarrollo. Pero, además, en este caso la inversión se radicará en una de las zonas del país que necesita mayor inversión, por lo que implica también una apuesta a un desarrollo más equitativo en el territorio.

Por supuesto que inmediatamente comienzan los análisis sobre el impacto político que tendrá esta noticia en el acontecer nacional. En un momento de grandes dificultades y con indicadores económicos que muestran una situación compleja, el gobierno anuncia una inversión que impacta muy positivamente en el ánimo y en la psicología de la economía del país, aunque los números de los tiempos inmediatos no se modifiquen sustancialmente. Pero cambia el ánimo que en la economía, igual que en la política y en cualquier actividad humana, es muy importante. Por ejemplo, debe ser un componente de peso en el análisis de las calificadoras de riesgo con respecto a nuestra calificación de grado inversor. En fin, se ve la luz al final del túnel.

Habrá quienes intentarán vincular la decisión de UPM a las bondades o cualidades específicas del gobierno del Frente Amplio, tratando de “sacar partido” de una decisión muy importante en tiempos de “vacas flacas”. Así como en la década del crecimiento fantástico, el Frente Amplio se atribuyó ese logro a sus capacidades de manejo de la economía, ahora intentará seguramente, hacer lo mismo.

Resulta claro que la decisión de UPM es, igual que el viento a favor de hace unos años y el viento en contra de los últimos tiempos, una variable independiente que no definimos los uruguayos. Tiene que ver con las tendencias de los mercados internacionales y las perspectivas de la empresa que realiza la inversión. Pero, también es cierto que la decisión de invertir nuevamente en nuestro país es consecuencia de las garantías de estabilidad y seriedad que nosotros damos, y eso es un patrimonio de todo el sistema político uruguayo.

De todos modos, lo importante es la buena noticia y el impacto favorable que tendrá en la economía del país y en nuestra gente. El tiempo dirá luego, si esto favorece y en qué medida, al partido de gobierno. En todo caso, lo que realmente importa es lo positivo que resulta esta decisión para el futuro de nuestro país.

Por eso resulta patético observar los anuncios de algunos integrantes del gobierno que, descendiendo varios peldaños en la altura con la que hay que asumir este logro, intentan capitalizarlo para sus carreras personales. De inmediato surgió la información de que el Director de OPP, Álvaro García, tendría bajo su responsabilidad la gestión de las obras requeridas como contrapartida del Estado y menos de veinticuatro horas después, el inefable Vicepresidente, Raúl Sendic, anunció que visitará Emiratos Árabes para obtener los mil millones de dólares que el Estado debe invertir en infraestructura. En fin, si venimos bien, ¿para qué complicarla, no les parece?

Pablo Mieres

La historia se repite

mieres

Alberto Zum Felde en su libro “Proceso Histórico del Uruguay”, editorial ARCA, año 1967 expresaba: < la realidad nacional de los últimos 20 años (1947/1967), presenta una serie de nuevos problemas de índole político y sociológico, que configura una época distinta, otra etapa, de la evolución histórica nacional. Fenómenos tales como la gran crisis económica relacionada con el desequilibrio creciente entre la escasa productividad del país, la inflación enorme en el costo de vida, el enorme aumento de los presupuestos estatales , la baja del valor monetario, el endeudamiento externo, la convergencia emigratoria de la población rural a la capital industrializada y burocratizada (debido en gran parte a la persistencia del latifundio), produciendo el mal de macrocefalia, la tumultuosa ascensión popular en procura de un más alto nivel de vida, concentrándose en el creciente predominio del sindicalismo gremial –verdadero nuevo poder social y político- la intensa influencia ideológica del marxismo en los medios culturales, universitarios, y en estratos de la clase media, son algunos de los aspectos más notorios de esta etapa contemporánea.>

La crisis económica, social, política, ideológica y moral evidenciada en la caída de la producción, la inflación (caída del poder adquisitivo de los salarios) – el debilitamiento de la capacidad de pago, el endeudamiento externo, el intervencionismo y paternalismo estatal -junto a una formidable burocracia y parálisis de la iniciativa privada- la desocupación, la saturación de la administración pública y clases pasivas y la quiebra del orden y del sentido de autoridad así como los sectores de población marginados de la sociedad, la falta de  horizontes de la juventud, la emigración de técnicos, el auge de la criminalidad y violencia, la agitación gremial y estudiantil, patentizada en desórdenes callejeros, huelgas y paralizaciones del trabajo, la pérdida de conciencia en las dirigencias políticas, la atomización de los Partidos, los delitos socio-económicos, la corrupción, la pérdida de la conciencia nacional, y sobre todo la constante prédica marxista en todos los sectores de la sociedad, fueron los principales ingredientes del rápido declinar del país (Nuestra Verdad, 1960/1980).

Casi nada ha cambiado, la historia se repite. Si bien hoy no tenemos grandes latifundios de hacendados, tenemos grandes superficies, en algunos casos más de cien mil hectáreas de únicos dueños dedicada a la producción forestal, grandes hectáreas en manos de extranjeros y una importante reducción de los pequeños predios que se han ido incorporando a los grandes terratenientes, sean comprado o arrendando nuevos campos.

El debilitamiento de la capacidad de pago es notorio afrontando el riesgo de perder el grado de inversión y hasta en la atomización de las facciones de la religión gobernante que pone en riesgo el proyecto de ley de rendición de cuentas por el nuevo ajuste fiscal que propone el Poder Ejecutivo.

Los asentamientos que antes sólo existían en Montevideo (cantegriles, cinturones de probeza) hoy se han establecido en cada capital del país, creciendo en número y en pésimas condiciones de vida, sea, salud, educación y seguridad.

La falta de horizontes de la juventud es tremenda y hoy tenemos un grupo de NINI´s que los representan, abocados más al tráfico de drogas y delincuencia no reconociendo la autoridad que los gobierna con enfrentamientos permanentes.

La corrupción la hemos visto en Casinos, Pluna, Fondes, regalando dinero de los contribuyentes en proyectos que desde el vamos se sabía no funcionarían, contención a través de subsidios y el otorgamiento de plazos mayores a seis meses en el seguro por desempleo.

Las pérdidas descomunales de ANCAP, del FONASA, de UTE, etc., no hablan nada bien de los administradores, que a pesar de ello continúan en otros puestos mamando de la teta del Estado y todo permitido por un Ejecutivo marxista casado con el poder sindical.

Nunca en mi vida he visto tantos, paros, huelgas y ocupaciones como desde el 2005 hasta hoy ni tampoco los cientos de millones otorgados a los viajes de los artistas – murgas, cantautores, etc.

La solución encontrada por el genio astorista ha sido más impuestos y más endeudamiento externo ahogando el cuello del país y el de sus habitantes.

Ricardo Puglia

Viven en un mundo paralelo

columnisrya

Nuestro país está atravesando importantes dificultades. Definitivamente ha quedado atrás la fabulosa década de bonanza y crecimiento excepcional y, en su lugar, se abre paso una etapa ya no de desaceleración, sino definitivamente de freno. Los principales economistas de este país comienzan a hablar de una etapa de “estanflación”, es decir estancamiento con inflación. Una combinación compleja y con desafíos difíciles de resolver en el corto plazo.

Por si quedara alguna duda, la opinión de los ciudadanos, que es un buen termómetro de lo que ocurre, señala que a pesar de la gravedad de la situación de inseguridad que vivimos, este tema pasó a un segundo plano para que los problemas vinculados con el empleo y el salario volvieran a ocupar (tal como era en otros tiempos) el primer lugar entre los asuntos que más preocupan a los uruguayos.

En efecto, la producción está en niveles de estancamiento y, por otra parte, el déficit fiscal está alcanzando proporciones muy preocupantes, el propio gobierno que ha tratado de restar importancia a estas cifras, reconoce que en este año el déficit fiscal alcanzará al 4.3% del PBI y que el crecimiento de la economía estará por debajo del 1%. Aún queda la duda si efectivamente existirá crecimiento.

Ya hemos recibido el impacto de un ajuste fiscal por la vía del incremento de las tarifas públicas, en la Rendición de Cuentas se votará un segundo ajuste incluyendo incrementos tributarios y no se descartan nuevas medidas de ajuste, seguramente por la vía administrativa.

El gobierno está pagando la década de despilfarro e irresponsabilidad con un gasto imponente que se fue como el agua entre los dedos. Además, se ha instalado un complejo debate sobre las pautas salariales cuya dilucidación implica asumir el duro dilema de elegir entre mantener el poder adquisitivo del salario o incrementar el desempleo.

En este contexto se reunió el máximo órgano de conducción del partido de gobierno, el Plenario Nacional del Frente Amplio. ¿Y qué decidió? ¡Promover una reforma constitucional!

Sorprendente e insólito. Ni una palabra sobre los graves problemas que atraviesa el país en el que ellos mismos gobiernan. Ni una propuesta para avanzar ante la situación actual.

La propuesta del Frente Amplio está orientada a consagrar en la Constitución ciertos principios programáticos que buscan consolidar ciertos “avances sociales” ante el miedo de que sean revertidos en el futuro, por ello proponen incorporarlos en la Constitución.

Si la propuesta implica plebiscitar los cambios constitucionales antes de las elecciones nacionales de 2019, tienen un solo camino posible que consiste en la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Porque de acuerdo a lo que establece la Constitución actual, sólo hay dos procedimientos para que la reforma se plebiscite en fecha diferente a las elecciones nacionales, una es la ley constitucional que requiere un acuerdo de dos tercios de la Asamblea General cosa que resulta imposible debido a los contenidos que propone el Frente Amplio, la otra es la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

Entonces, si se busca cambiar la Constitución antes de 2019 el único camino posible es la Constituyente. Ahora bien, ¿qué quiere decir que van a promover una reforma constitucional? Significa que el partido de gobierno embarcará al país en dos campañas electorales antes de 2019; la primera para elegir a los constituyentes y un año después para plebiscitar las reformas propuestas.

El país en crisis, el país en problemas relevantes y el partido que gobierna le propone a la gente dedicarnos a una campaña electoral por año de aquí a 2020. Todavía no salieron de la campaña electoral interna que los tiene embarcados desde principios de este año y ya están pensando en otras dos campañas electorales. Sin palabras.

Porque, además, las campañas electorales implican gastos para el Estado. Pero para un partido que le ha hecho gastar al país mucho más de lo que tenía, qué puede importarle eso.

Es más, si los ciudadanos caen en la cuenta de que, además, la elección de la Asamblea Constituyente implica elegir 260 constituyentes que trabajarán durante un año y, seguramente, cobrarán sus correspondientes sueldos. ¡Entonces la gente los va a matar!

Están tan encerrados en sus propios discursos y en las “seguridades” del poder que no se dan cuenta que viven en un mundo paralelo, que hace ya un tiempo que dejaron de sintonizar con buena parte de la ciudadanía, que mira con perplejidad, las ocurrencias y los desastres de un partido que hace mucho tiempo cuenta con demasiado poder.

Pablo Mieres

region sur

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