Frente a la consigna de la mayoría absoluta perpetua La necesidad del dialogo y el pluralismo

El Presidente de la República vuelve a reivindicar la engañosa consigna de que no es posible gobernar sin mayoría absoluta. Dice el Presidente Mujica que sin mayoría absoluta en el Parlamento no es posible la gobernabilidad. Falso de toda falsedad.

Toda la historia política de nuestro país desmiente tal afirmación. Por el contrario, el otorgamiento de mayorías absolutas a un solo partido ha sido la excepción en nuestra historia. Los diferentes gobiernos de este país han tenido que actuar sin contar con mayoría parlamentaria, han tenido que buscar caminos de diálogo y entendimiento para poder avanzar en la toma de decisiones.

La norma del funcionamiento político uruguayo es el pluralismo y la heterogeneidad de alternativas partidarias. La democracia uruguaya se consolidó y se fortaleció sin necesidad de mandatos mayoritarios. Es más, durante mucho tiempo el Frente Amplio reivindicó, cuando era una minoría, la importancia del pluralismo y del derecho de las minorías a controlar a las mayorías.

Resulta patética la defensa que el Frente Amplio está haciendo para continuar con un sistema que ha producido un fuerte debilitamiento de los controles institucionales.

Hay demasiada soberbia en la actitud del partido de gobierno. Hay demasiada subestimación de sus adversarios políticos. Una década de mayoría absoluta ha generado el mareo del exceso de poder. Los uruguayos tenemos que marcarles la cancha, limitar el poder, reducir la omnipotencia.

¿Se imaginan cinco años más de mayorías absolutas de un solo partido? Votaron con desparpajo y desprecio siete leyes inconstitucionales sabiendo que violaban la Constitución e impidieron que el Parlamento cumpliera su función de contralor sobre el Poder Ejecutivo. Hasta el escándalo, cada vez más escandaloso, de PLUNA no fue investigado por el Parlamento porque se usó la mayoría absoluta para bloquearlo.

La reedición por tercera vez consecutiva del mandato mayoritario al Frente Amplio sería un grave problema para la solución de los asuntos pendientes. Porque han demostrado que hacen uso y abuso de esa mayoría.

Un gobierno se puede construir desde los acuerdos entre diferentes sectores y partidos; la mejor historia del país se ha escrito bajo esta dinámica de relación entre los sectores partidarios.

Pero, además y sobre todo, la propia gestión del gobierno de Mujica es el desmentido más tajante y rotundo a su afirmación de que la mayoría absoluta permite garantizar la gestión de un gobierno.

Basta hacer el balance de su gestión para observar que con la disponibilidad mayor de recursos financieros en la historia del país y con mayoría absoluta regimentada durante todo el período de gobierno, sin embargo la educación no ha hecho otra cosa que empeorar, la inseguridad se ha agravado, la crisis de la infraestructura y la caminería ha llegado a una situación insostenible y la reforma del Estado sigue pendiente.

De modo que la propia gestión del gobierno saliente es el cuestionamiento más duro y directo a las afirmaciones del Presidente.

¿Se imaginan lo que ocurriría con los urgentes temas de la agenda que están pendientes si, otra vez, el Frente Amplio mantiene su mayoría absoluta? Los fuertes bloqueos internos del partido de gobierno que se trasladaron en estos años hacia su gestión para impedir los cambios ineludibles, volverán a imponerse consagrando cinco años más de ausencia de respuesta a los principales problemas del país.

En octubre la gente tiene nuevamente el poder de distribuir el juego entre los diferentes partidos y candidatos que nos sometemos al arbitrio del soberano. Nosotros somos la alternativa a la mayoría absoluta, si el Partido Independiente crece ya no habrá mayoría absoluta parlamentaria en este país.

El Parlamento volverá a cumplir con su función institucional de control del Poder Ejecutivo y será en el Parlamento donde se articularán las mayorías plurales (no monolíticas) que impulsarán el nuevo tiempo de gobierno.

El juego de octubre está claro. Por un lado, blancos y colorados, los viejos partidos tradicionales, disputarán el segundo lugar para competir en la segunda vuelta y, por otro lado, en la zona izquierda del tablero, el Frente Amplio buscará retener su mayoría absoluta y solo el crecimiento del Partido Independiente puede impedirlo.

Esta es la tarea histórica que nos corresponde cumplir. Dejar atrás los tiempos de las mayorías absolutas regimentadas para ingresar en el tiempo del diálogo, los entendimientos y los acuerdos plurales para, de una vez por todas, resolver los problemas pendientes.

Esta es una lucha desigual, entre un partido mayoritario con vocación hegemónica que además tiene todos los resortes del poder político institucional y un partido chico que, paradójicamente, es el único que puede quitarle ese poder excesivo.

Pero los uruguayos estamos acostumbrados a estas disputas. Nos gusta la lucha del más débil contra el más fuerte. Nos gusta la reafirmación de la convicción contra el poderío del más grande. Está en nuestra sangre es nuestra propia historia, la de un país pequeño que nació y creció entre los grandes y a pesar de ellos. Por eso en octubre muchos uruguayos acompañarán el mandato de terminar con las mayorías absolutas, para iniciar los tiempos de cambio y para completar las tareas pendientes.

Pablo Mieres

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