SANAS DISCREPANCIAS DEMOCRATICAS

Esta semana que termina sucedieron varios hechos importantes en la campaña electoral.

El primer hecho fue el anuncio de que el candidato a la Presidencia por el Frente Amplio concurrirá, junto con los otros candidatos, a un evento donde todos responderemos preguntas que nos formularán las Cámaras  Empresariales. 

La cita será el Viernes próximo en la tradicional Exposición Rural del Prado. 

Llevábamos cuatro instancias muy importantes en que la silla del candidato del Frente Amplio había quedado vacía. Así sucedió en jornadas en que se nos preguntó por Educación, Megaminería, política de Vivienda y Responsabilidad Social.

¡Bienvenido Dr. Vázquez a estos foros! Creemos que es el camino para que se conozcan mejor las propuestas y pensamientos de quienes aspiramos a ser Presidente.

El segundo acontecimiento importante de la campaña de esta semana fue la confirmación de que los candidatos de los colorados, blancos e independientes haremos un debate que se transmitirá por televisión y radio. 

Que se sume el candidato blanco a la iniciativa es un avance respecto de 5 años atrás cuando sólo debatimos el candidato independiente y nosotros, ante la negativa, reiterada, del frenteamplista y el blanco.

Lamentamos que el Dr. Tabaré Vázquez no se sume a esa instancia tan democrática en que quienes aspiramos a la Presidencia de la República nos mostramos ante la ciudadanía que juzga nuestras propuestas y capacidades.

No perdemos las esperanzas de que recapacite y finalmente su lugar no quede vacío. 

Sería compartir un gesto republicano y, sobre todo, hacer lo que se hace en las principales Democracias liberales del mundo. Sin ir muy lejos, en el Brasil (en que la Presidente Dilma Roussef por estos días debate con todos los candidatos), en España o Estados Unidos.

El tercer acontecimiento que parece haber llamado la atención esta semana es la diferencia programática que mantuve con el candidato blanco.

Al visitar a la Suprema Corte de Justicia el Diputado Lacalle  indicó que “como medida de descongestionamiento del sistema carcelario era bueno recurrir a las penas alternativas a la prisión“. 

Agregó que las mismas sustituirían a las penas de cárcel destinadas a aquellos que delinquen por primera vez y “manifiesten voluntad de no reincidir“.

Más allá de la imposibilidad de conocer la voluntad de no reincidir (¿le preguntará a quien delinque si tiene la voluntad de volver a hacerlo?), la propuesta nos pareció profundamente equivocada y así lo manifestamos públicamente.

La última experiencia fundamentada en la necesidad de descongesionamiento carcelario que hubo en el Uruguay fue la de José Díaz y Tabaré Vázquez. Con el mismo fundamento liberaron mil y pico de presos. Las consecuencias  fueron nefastas porque en pocos años se triplicaron las rapiñas y aumentaron un 40 % los homicidios.

La discrepancia con Luis Lacalle generó de parte de él y de muchos operadores políticos una extraña reacción. 

Desde la invitación a no debatir en público estos temas que el candidato blanco nos hizo en la red social twitter y que obviamente no aceptamos. Pasando por la explicación de que en realidad se refería a una ley que ya se estaba aplicando (entonces ¿porqué propuso hacer algo que ya se estaba haciendo según él?), hasta el pedido de algunos de no exponer diferencias, así como alguna otra acción poco positiva, más propia de la vieja política que queremos desterrar y que parece seguir existiendo.

Estoy convencido que no es malo que discrepemos y que lo hagamos en público. Malo sería que lleváramos esas discrepancias al plano personal. Pero si hay diferencias de enfoque y propuestas, es bueno que se conozcan.

Es democrático y sano que el Pueblo, que va a concurrir a votar, conozca de primera mano estas opiniones. 

Me parece que Lacalle se equivocó con la propuesta y sobre todo con la fundamentación de la misma vinculándola al descongestiionamiento de las cárceles. 

Tengo no sólo el derecho sino el deber de señalarlo. De esta forma los ciudadanos podrán formarse una mejor opinión de nosotros, los candidatos, al momento de votar.

Nadie debería sentirse ofendido por ello puesto que no hice alusión a la persona sino a la propuesta.

No le hace bien al propio Lacalle que no se le señalen sus errores, como no me hace bien a mi que no me los señalen y critiquen. Me he equivocado muchas veces en la vida, y creo que quien se equivoca y no lo reconoce se equivoca dos veces.

Lo que no le hace bien a Lacalle es persistir en el error o tomar caminos para que nadie lo pueda cuestionar.

Si insiste en que su propuesta de descongestionamiento carcelario o el cuestionamiento a las 8 horas en el campo son correctas lo respetaremos, y será el pueblo quien las juzgue en octubre  con su voto.

Este es el momento del debate, del intercambio franco de ideas, no de la uniformización. Tenemos con seguridad coincidencias y discrepancias, porque somos partidos distintos, personas distintas y programas distintos.

Es el momento de que se conozcan ellas y los caminos que proponemos. De salir del slogan e ir a lo profundo, con respeto y altura, para enriquecer las propuestas.

Hace un mes creí que podíamos tener coincidencias en la lucha contra la corrupción y propuse 14 medidas contra ella y una declaración contundente. Vázquez y Lacalle no aceptaron. Mieres si. No tiene nada malo que no hayamos encontrado coincidencias positivas en la lucha contra la corrupción. Sé que podremos lograrla en el futuro y las discrepancias de hoy son eso, diferencias de enfoque, que deben conocerse.

Lo que no se debe hacer es insistir en caminos para que no discrepemos, para que nos callemos, caminos que no existen en mi caso, o llevan a mas equivocaciones en otro.

Seguiré señalando las diferencias entre nuestras propuestas, programas y equipos, y las de Vázquez, Mieres y Lacalle.

También seguiré proponiendo debatir con todos ellos la mayor cantidad de veces.

Espero que el debate que hemos convenido realizar en la televisión y radio no sea el único y así lo proponemos.

Que hayan dos, tres, debates entre todos nosotros. Hay varias invitaciones pendientes y cuantos más realicemos, mejor será para todos.

Así los ciudadanos podrán formarse la mejor opinión antes de votar. 

Esa opinión que empezarán a formarse el próximo Viernes  cuando escuchen las propuestas de todos en materia económica y de políticas del trabajo en la Asociación Rural del Uruguay. 

La  que se formarán  cuando nos vean debatiendo en la televisión.

O la que se formaron cuando escucharon hablar a un candidato, de nuevo, de descongestionar las cárceles como política de seguridad y a otro señalarle que ese no es el camino.

¡Viva la Democracia, Viva la Discrepancia, Viva el Uruguay!

Por Pedro Bordaberry

VALORES. ¿LO PROFUNDO O LO SUPERFLUO?

El Viernes pasado las Cámaras Empresariales del país me invitaron a hablar de Educación. Había preparado una presentación con números, estadísticas, propuestas. Pero la noche anterior decidí hablar desde el corazón, desde lo que siento que nos esta pasando, y dije esto que comparto con Ustedes, lectores generosos de mis columnas de los Domingos.

La Educación es el problema más urgente que hoy tenemos.

Está creando desigualdades. Solo 1 de cada 10 de los que nacen en los hogares más pobres termina el bachillerato mientras que 8 de cada 10 de los que nacen en los hogares más ricos lo hacen.

Esta expulsando a jóvenes en lugar de integrarlos.

Por ello felicito y agradezco a los que trabajan por ella y por su iniciativa de poner la educación en la Agenda Nacional.

Pero permítanme antes de hablar de Educación, señalar cual es la peor consecuencia de lo que nos esta pasando.

Estamos perdiendo los valores.

Esos valores que nos hicieron grandes como nación, como país, que construyeron al Uruguay.

El valor del trabajo, el valor de la honestidad, el valor de la familia, del respeto, de la tolerancia.

El valor de vivir en paz, del respeto por la autoridad que es eso, autoridad que todos debemos respetar, el respeto por la ley, por la norma, que no es otra cosa que el respeto por el otro, por la vida en sociedad. El respeto por el ambiente. Por la justicia.

No es solo que esta decayendo nuestra educación.

Estamos perdiendo los valores de esa sociedad que conocimos hasta hace poco.

Esa que queremos recuperar.

Esa sociedad en que el que trabaja es felicitado y no castigado con impuestos.

Esa sociedad que no hace de la dádiva y el asistencialismo su política social sino que la construye a partir de la solidaridad y la formación. Porque la mejor   política social es el estudio y el trabajo.

Esa sociedad que respeta al vecino, a la mujer, al adversario político, al  deportivo, al del interior o al de otro barrio. No esa que de tanto en tanto, de vez en vez, levanta a uno contra el otro.

Esa sociedad que proponía el hablar bien, el no referirse al otro como nabo o gil, sino como alguien que piensa distinto y que puede tener razón, aunque pensemos que no la tiene.

La que escucha al otro, con respeto, y de esa forma logra consensos.

Esa sociedad que no fomenta la transgresión de normas, ni las justifica, sino que logra que todos, voluntariamente, las cumplan.

Esa sociedad que respeta al policía, al maestro, al director.

En que los buenos son los policías, no los delincuentes. Los que estudian y trabajan, no los que no lo hacen.

Esa sociedad que lucha por sus derechos, pero que sobre todo, sobre todo, habla de sus deberes y de sus obligaciones.

Porque estamos llenos de discursos sobre derechos y vacíos de deberes.

Una sociedad en que nosotros los políticos somos los primeros en hablar de nuestras obligaciones. Obligaciones de trabajar por nuestro empleador, el pueblo. 

Y en que debemos dar el ejemplo trabajando los 30 días del mes en el parlamento y no tan solo 18 días, como lo hacemos hoy.

En que cumplimos con la obligación de asistir a todas las sesiones del senado y diputados y de las comisiones que nos convoquen.

Con la obligación de dar explicación y rendición de cuentas publicas de nuestro trabajo en lugar de viajar a costa del estado.

Una sociedad en que se ponen en los cargos públicos a los mejores, no a los que fracasaron en el campo electoral.

Una sociedad que respeta la ley y la justicia, no que modifica las normas penales cuando se aplican a sus correligionarios.

Una sociedad en que el político es ejemplo de los ciudadanos. 

Una sociedad que debe volver a construirse sobre los cimientos de la honradez, la decencia, y que habla de contenidos. 

Esa es la sociedad, plena de valores, que tenemos que construir. Una que grite que ¡primero están los deberes, nuestras obligaciones como ciudadanos, y luego los derechos!

No la sociedad hipócrita de los que dicen como deben vivir los otros, mientras viven de otra forma. 

Una sociedad en que la solidaridad no se publicita ni se usa para conseguir votos sino para ayudar.

Esa sociedad que soñaban José Pedro Varela y su escuela, laica, gratuita, publica y obligatoria, Enriqueta Compte y Rique y su jardín de infantes, Figari y la escuela de artes y oficios, Batlle y Ordoñez y José Enrique Rodó y sus liceos departamentales, Grompone y el IPA, Pivel Devoto y la democratización de la enseñanza, y Germán Rama y sus escuelas de tiempo completo.

Esa sociedad en que el que estudia y se esfuerza es el primer ciudadano, el más valorado, el más respetado.

Esa sociedad en que vale el contenido, lo profundo, y no lo superficial, el envase. Esa sociedad en que derrotamos a los 140 caracteres.

Ese Uruguay que a partir de la educación debemos crear y que estamos perdiendo y que esperamos recuperar a partir del año próximo, con ustedes y todos los uruguayos que han tenido la feliz y necesaria iniciativa de poner en primer lugar a la Educación

 

Por Pedro Bordaberry

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