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1764 - 19 de junio - 2018

25 Junio 2018
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2da. parte

“Mi sistema” llamó Artigas al conjunto de planes que propuso e intentó poner en práctica en tierras rioplatenses, cuando los “americanos del sur” se levantaron en armas contra el régimen colonial impuesto por los europeos. Se le llamó Revolución Hispanoamericana (comienzos del S. XIX): Mayo de 1810 en Buenos Aires, febrero de 1811 en la Banda Oriental.

Revolución es cambio, era necesario instaurar una nueva forma de gobierno para los pueblos que reasumían su soberanía, en lo político, social, libertad de producir y comercializar, en pie de igualdad y de justicia. Así entendió Artigas, el “cambio” necesario. Conocedor de las “nuevas ideas” del S. XVIII en Europa que promovían superar al Antiguo Régimen, intuyó que las podían aplicar los americanos independizados.

Nunca salió de la región platense, al contrario de otros libertadores, que retornaban de estudiar en el continente europeo y que impulsaban fórmulas alejadas de la realidad americana.

Nuestro Prócer, maduro, gran conocedor de su tierra y de su gente, humanista en su formación franciscana-jesuita, supo adaptar lo leído o escuchado, al medio en que vivía.

Sus planes, a medida que se concretaban, se alejaban de las posturas de la Revolución bonaerense: oligárquica, centralista, unitaria; inclusive, monárquica muchas veces. Contraria a las autonomías provinciales, todo lo opuesto al proyecto definido en las Instrucciones del año XIII: Independencia, República, Federación.

Buenos Aires, como capital de Virreinato y luego capital dela Revolución, defendía un gobierno centralizador y omnipresente que desconocía la autodeterminación de los gobiernos provinciales, como en la Provincia Oriental.

El ciudadano Artigas, fue Jefe civil, más que militar, consultó a los pueblos en Asambleas y en Congresos, respetó las culturas diferentes y consideró sus iguales a las diferentes etnias que habitaban las tierras americanas.

1815 es considerado el año “apogeo” del artiguismo porque es cuando sus ideas han sido adoptadas en cinco provincias, que “caminan” hacia la integración federal, bajo el Protectorado de Artigas.

En el campamento militar de Purificación, se instala algo parecido a una Capital, porque desde allí y hasta allí llegan los relacionamientos del Protector (chasques mediante).

Pero para llegar a esta etapa de organización, el Jefe de los Orientales había consolidado una alianza de la que poco se habla en los libros de historia, que tiene sus comienzos cuando aquel joven nacido en una familia de fundadores de Montevideo, completó sus estudios en el Colegio de Padres Franciscanos, luego se fue a las tierras de la familia. Ahí inicia otra etapa de su vida. Es cuando realmente conoce el territorio y su gente.

Precisamente, es el origen de la alianza que quiero comentar, a mi manera de entender, ella explica el proyecto o sistema federal. Especialmente, cómo fue entendido, defendido y arraigado por el habitante del medio rural y que cimentó, sin lugar a dudas, la base política de nuestro estado.

Si somos un país-nación es porque aquellas ideas nos dieron cohesión suficiente para constituirnos como común-unidad social fortalecida por vínculos internos de solidaridad, que la han mantenido unida y fortalecida, a pesar de discrepancias propias entre seres humanos que viven en libertad de acción y de expresión del pensamiento. (Por eso somos una democracia siempre renovada en sus valores e ideales compartidos).

Decíamos de una alianza no escrita de Artigas y su pueblo campesino. (Montevideo y Buenos Aires no entendieron esta comunidad de ideales porque no se “abrieron” a la alianza).

Alianza con los charrúas, él convivió con ellos, les entregó Arerunguá, allí fue el “centro de sus recursos”, ellos le proporcionaron caballadas, protegieron las vanguardias y la retaguardia de la “redota”, ellos retiraron ganados y caballos cuando avanzaban los ejércitos represores, en esos potreros hubo protección para las familias que se retiraron del sitio en 1814, los “vichadores” oteaban desde los cerros el avance del enemigo y a la vez les robaban caballadas.

Alianza con guaraníes misioneros, catequizados por los jesuitas: agricultores, artesanos, constructores de cercos y casas de piedra. Enemigos de los portugueses que los esclavizaban.

Alianza gaucha. El gaucho, producto del mestizaje de múltiples etnias y culturas de las que heredaron oficios, instrumentos y armas, que les facilitaban el manejo de los abundantes ganados de las ricas praderas. El gaucho seminómade, cuando quiso sedentarizarse, sólo pudo hacerlo en calidad de ocupante sin título, en tierras que ya habían sido adjudicadas a poderosos terratenientes, comerciantes o personas vinculadas a la oligarquía criolla que vivía en la ciudad-puerto. Se producían desalojos o si se quedaban, era al servicio del dueño de las tierras. (Es una de los temas del Reglamento agrario ganadero). El gaucho sentía como nadie la necesidad de ser libre, por la forma de vida y de trabajo que tenía; Artigas les habló de ser “pueblo libre”, de igualdad, lo entendieron, lo apoyaron; a la vez que se les hablaba en su propio “idioma” y se entendía su manera de actuar.

Alianza con afrodescendientes, los originarios de África, todos eran vendidos como esclavos, lo peor aún, los nacidos en América, también eran esclavos.

Durante la Revolución, muchos fueron liberados para integrar los ejércitos, otros venían huyendo del Brasil, (también se piensa en ellos en el Reglamento del XV).

Alianza con intelectuales criollos y europeos, muchos apoyaron la Revolución: los dueños radicados en el medio rural, en verdaderos “feudos” tampoco estaban conformes con las autoridades españolas que los agobiaban a impuestos, alojamiento de los ejércitos y ganados para consumo y boyadas. 

La alianza más útil de Artigas, había sido con los curas, por el apoyo intelectual.

Franciscanos y Jesuitas, formados en las doctrinas católica y humanista e inspirados en la ideología de la Ilustración, fueron fieles inspiradores y consejeros. Por eso, el pensamiento base del “sistema” artiguista tiene impronta dieciochesca.

Recordemos la expulsión de curas ordenada por las autoridades españolas de Montevideo, los sacaron fuera de las murallas: “Váyanse con sus amigos los gauchos”.

La alianza fue con el habitante de la pradera, que vivía de la “vaquería” (explotación del ganado cimarrón: sin marcar, salvaje, considerado un bien común). Esta forma de matanza indiscriminada, está tratada en el Reglamento del XV.  

Las élites de la ciudad despreciaron el planteo artiguista, llevando el tema al nivel de una oposición entre civilización-barbarie. El poder y el dinero de las oligarquías gobernantes, no dependían de los “de abajo”.

No los consideraban, no preocupaban, la revolución oriental al radicalizarse, fue vista como propia de “toscos analfabetos” que se atrevían a desafiar a los “señores distinguidos y soberbios” de las oligarquías gobernantes, que llegaron a entregar el territorio oriental al invasor portugués-brasileño, como forma de derrotar al “anarquista” Artigas.

Como dijo el gran Pivel Devoto: “La historia no es solamente lo que ocurrió, sino lo que perdura”…“los hechos aisladamente considerados no forma  historia”. 

Prof. Teresita Pírez     

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